Place

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  • Census-designated placeA concentration of population defined by the United States Census Bureau for statistical purposes...
  • Plaice PlaiceA common name used for a group of flatfish.
  • Plaza Plaza An open urban public space, such as a city square.

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  • adventurouslife4us posted a photo:

    🌍 Levi, Finland |  Daniel Taipale

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  • -inFame- posted a photo:

    Tan alto para llegar a dios

    El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia es una de las construicciones más monumentales que he visto en mi vida, me impresiona el trabajo y la pasión con la que se ha buscado terminar la obra de Gaudí.   via 500px ift.tt/2wSovFo

  • adventurouslife4us posted a photo:

    🌎 Coron, Philippines |  Zimy Da Kid

    from my tumblr blog

  • toiyeuxem306 posted a photo:

    The PNW is a magical place. OC [3264x2448] via https://t.co/WaVCtDVcb1 https://t.co/L2dkLJSBTV

    via Blogger ift.tt/2vWunjO

  • Alessandro Carabillo' posted a photo:

    Fiorenza ©

    All my photographic images are copyright. All rights reserved ©.
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  • Juan C. Riccelli posted a photo:

    Villa Ortiz,(Coronel Mom) Partido de Alberti, Buenos Aires, Argentina

    Villa Ortiz (Estación Coronel Mom) (más conocido como Coronel Mom, o simplemente Mom) es una localidad del Partido de Alberti, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Cuenta con 815 habitantes (INDEC, 2010), lo que representa un descenso del 5% frente a los 857 habitantes (INDEC, 2001) del censo anterior.
    Coronel Mom es una estación ferroviaria del Ferrocarril Domingo Faustino Sarmiento de la Red Ferroviaria Argentina, en el ramal que une las estaciones de Suipacha y Bayauca. o presta servicios de pasajeros. Sus vías están a cargos de la empresa Trenes Argentinos Cargas,sin embargo las vías se encuentran sin uso y en estado de abandono.

    Recibía los servicios provenientes de Once con destino a Lincoln, General Villegas y Realicó. No posee servicios de pasajeros desde 1994.

    El tren que transformaba lo cotidiano en mágico

    Por Alberto Jesús González
    DNI 23.215.534
    Coronel Mom, provincia de Buenos Aires
    Como tantos, mi pueblo surgió a la vera del ferrocarril y por consecuencia directa del paso del mismo. Corría el año 1907 y el ramal, que luego recibió el nombre de Domingo Faustino Sarmiento, comenzaba a extenderse desde Capital Federal hacia el oeste de la provincia de Buenos Aires y al establecerse la estación, que años más tarde se iba a llamar Coronel Mom, un puñado de casas comenzaron a levantarse alrededor de la misma.
    Esta puede ser la historia de innumerables poblados de todo el país, que al igual que mi pueblo, Villa Ortiz .en honor a Alberto Ortiz, propietario de las tierras donde se erigió el mismo., se conformaron a partir del paso del primer tren. Y fue tanta la importancia del tren como motor de vida para las pequeñas poblaciones que Villa Ortiz, también como muchos pueblos del interior, es en realidad, mucho más conocido en la zona, la provincia y por que no el país, con el nombre de Coronel Mom, precisamente la denominación de su estación ferroviaria.
    Resulta casi imposible de imaginar lo que los primeros trenes, allá por principios del siglo pasado, provocaban en las sensaciones o sentimientos de la gente. Enormes moles de hierro y humo que con sus sonidos hacían temblar la tierra y seguramente a más de algún desprevenido espectador.
    Sí, espectador, porque durante tantísimos años el tren, el simple hecho de observar su paso, era una de las citas obligadas de mis abuelos, por no decir una de las pocas diversiones que podía entregarles un pueblo demasiado pequeño para tantas cosas.
    Y esta sencilla acción que puede parecer no implicar muchos matices a su alrededor, tiene en cambio una o varias explicaciones.
    No se trataba pura y exclusivamente de una diversión, más allá de que sí lo era, sino que el tren arribaba los viernes por la noche, procedente de Buenos Aires, y volvía a pasar los domingos por la tarde retornando hacía la capital de nuestro país. Lo cual significaba que irremediablemente los viernes llegaban familiares o amigos para disfrutar durante todo el fin de semana de la tranquilidad que podía ofrecerles este pueblo.
    Todos, esa gran parte de los habitantes de Villa Ortiz, que concurrían cada viernes y cada domingo a la estación de trenes, vestían sus mejores ropas, porque se trataba indudablemente de un gran acontecimiento social.
    También, debo narrarles, que los motivos y los fines que movían a cada segmento de la población a concurrir a observar la llegada del ferrocarril no eran los mismos, más allá, insisto, de que era un denominador común para todos el tomarlo como una diversión.
    Por lo tanto, para las señoras mayores, que son un poco más proclives a los comentarios, se trataba de ir para enterarse y ver qué familias recibían visitas. Por su parte, los señores mayores iban para acompañar a sus esposas, pero más de una vez veían descender del tren a alguna novia de su juventud o a aquel amigo que tantos años hacía que había abandonado el pueblo, obviamente, una u otra situación provocaba un sentimiento de nostalgia irrefutable en ellos.
    Y los jóvenes, los que no pasaban los veinte y algo de años, concurrían porque si llegaban parientes de alguna de las familias de la localidad, seguramente también lo hacía alguna bella chica que tal vez, a la vuelta de la vida y después de algún guiño del destino, podía ser la futura madre de sus hijos. Cuántas parejas se formaron ciertamente a partir del flechazo de esa primera mirada que se dio en el andén de la estación.
    Pero la otra cara de la moneda, para muchos, era el tren del domingo porque se trataba de esa maldita máquina que llegaba para llevarse, y quién sabe hasta cuando, a la novia, o al novio, o a algún nieto, o en fin, a un ser querido que iba a extrañarse bastante.
    Pero así como el progreso trajo innumerables factores positivos también impuso algunos que fueron lo contrario. Cada vez hubo mejores caminos y rutas, además de vehículos cada vez más sofisticados, por lo tanto, el viajar en tren pasó a ser algo demasiado lento y hasta incómodo, y como consecuencia, poco rentable para las empresas ferroviarias.
    Y así llegó ese nefasto día en que pasó por la localidad el último tren de pasajeros. Un día que seguramente nuestros abuelos nunca imaginaron que llegaría; cómo podían hacerlo si el ferrocarril era todo o casi todo para muchos de ellos.
    Pero llegó y cuando el último tren dejó la estación y comenzó a marcharse fue como que con él también se marchó una parte grande, importante y en cierto modo legendaria de la historia pasada del pueblo. Tal vez suene demasiado exagerado pero el último tren casi firmó la partida de defunción de este pueblo, es que luego en forma lenta pero inexorable los habitantes fueron siendo cada vez menos.
    En mi caso, sólo llegué a vivir los últimos años de este medio de transporte que tan ligado está al desarrollo de innumerables pueblos del interior del país. De todos modos, me atrevo a afirmar que el tren de pasajeros le daba otra vida a mi Villa Ortiz, por eso cada vez que hago referencia al tema es imposible que no me invada la nostalgia y se me escape alguna que otra lágrima, fundamentalmente por mis padres y mis abuelos, ya que fueron ellos los que tras la partida del último tren tuvieron que aceptar con resignación que sus hijos comenzaran a marcharse en búsqueda de un futuro mejor…

    Publicado por editor el Jueves 31 de Agosto de 2006

  • Juan C. Riccelli posted a photo:

    Villa Ortiz,(Coronel Mom) Partido de Alberti, Buenos Aires, Argentina

    Villa Ortiz (Estación Coronel Mom) (más conocido como Coronel Mom, o simplemente Mom) es una localidad del Partido de Alberti, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Cuenta con 815 habitantes (INDEC, 2010), lo que representa un descenso del 5% frente a los 857 habitantes (INDEC, 2001) del censo anterior.
    Coronel Mom es una estación ferroviaria del Ferrocarril Domingo Faustino Sarmiento de la Red Ferroviaria Argentina, en el ramal que une las estaciones de Suipacha y Bayauca. o presta servicios de pasajeros. Sus vías están a cargos de la empresa Trenes Argentinos Cargas,sin embargo las vías se encuentran sin uso y en estado de abandono.

    Recibía los servicios provenientes de Once con destino a Lincoln, General Villegas y Realicó. No posee servicios de pasajeros desde 1994.

    El tren que transformaba lo cotidiano en mágico

    Por Alberto Jesús González
    DNI 23.215.534
    Coronel Mom, provincia de Buenos Aires
    Como tantos, mi pueblo surgió a la vera del ferrocarril y por consecuencia directa del paso del mismo. Corría el año 1907 y el ramal, que luego recibió el nombre de Domingo Faustino Sarmiento, comenzaba a extenderse desde Capital Federal hacia el oeste de la provincia de Buenos Aires y al establecerse la estación, que años más tarde se iba a llamar Coronel Mom, un puñado de casas comenzaron a levantarse alrededor de la misma.
    Esta puede ser la historia de innumerables poblados de todo el país, que al igual que mi pueblo, Villa Ortiz .en honor a Alberto Ortiz, propietario de las tierras donde se erigió el mismo., se conformaron a partir del paso del primer tren. Y fue tanta la importancia del tren como motor de vida para las pequeñas poblaciones que Villa Ortiz, también como muchos pueblos del interior, es en realidad, mucho más conocido en la zona, la provincia y por que no el país, con el nombre de Coronel Mom, precisamente la denominación de su estación ferroviaria.
    Resulta casi imposible de imaginar lo que los primeros trenes, allá por principios del siglo pasado, provocaban en las sensaciones o sentimientos de la gente. Enormes moles de hierro y humo que con sus sonidos hacían temblar la tierra y seguramente a más de algún desprevenido espectador.
    Sí, espectador, porque durante tantísimos años el tren, el simple hecho de observar su paso, era una de las citas obligadas de mis abuelos, por no decir una de las pocas diversiones que podía entregarles un pueblo demasiado pequeño para tantas cosas.
    Y esta sencilla acción que puede parecer no implicar muchos matices a su alrededor, tiene en cambio una o varias explicaciones.
    No se trataba pura y exclusivamente de una diversión, más allá de que sí lo era, sino que el tren arribaba los viernes por la noche, procedente de Buenos Aires, y volvía a pasar los domingos por la tarde retornando hacía la capital de nuestro país. Lo cual significaba que irremediablemente los viernes llegaban familiares o amigos para disfrutar durante todo el fin de semana de la tranquilidad que podía ofrecerles este pueblo.
    Todos, esa gran parte de los habitantes de Villa Ortiz, que concurrían cada viernes y cada domingo a la estación de trenes, vestían sus mejores ropas, porque se trataba indudablemente de un gran acontecimiento social.
    También, debo narrarles, que los motivos y los fines que movían a cada segmento de la población a concurrir a observar la llegada del ferrocarril no eran los mismos, más allá, insisto, de que era un denominador común para todos el tomarlo como una diversión.
    Por lo tanto, para las señoras mayores, que son un poco más proclives a los comentarios, se trataba de ir para enterarse y ver qué familias recibían visitas. Por su parte, los señores mayores iban para acompañar a sus esposas, pero más de una vez veían descender del tren a alguna novia de su juventud o a aquel amigo que tantos años hacía que había abandonado el pueblo, obviamente, una u otra situación provocaba un sentimiento de nostalgia irrefutable en ellos.
    Y los jóvenes, los que no pasaban los veinte y algo de años, concurrían porque si llegaban parientes de alguna de las familias de la localidad, seguramente también lo hacía alguna bella chica que tal vez, a la vuelta de la vida y después de algún guiño del destino, podía ser la futura madre de sus hijos. Cuántas parejas se formaron ciertamente a partir del flechazo de esa primera mirada que se dio en el andén de la estación.
    Pero la otra cara de la moneda, para muchos, era el tren del domingo porque se trataba de esa maldita máquina que llegaba para llevarse, y quién sabe hasta cuando, a la novia, o al novio, o a algún nieto, o en fin, a un ser querido que iba a extrañarse bastante.
    Pero así como el progreso trajo innumerables factores positivos también impuso algunos que fueron lo contrario. Cada vez hubo mejores caminos y rutas, además de vehículos cada vez más sofisticados, por lo tanto, el viajar en tren pasó a ser algo demasiado lento y hasta incómodo, y como consecuencia, poco rentable para las empresas ferroviarias.
    Y así llegó ese nefasto día en que pasó por la localidad el último tren de pasajeros. Un día que seguramente nuestros abuelos nunca imaginaron que llegaría; cómo podían hacerlo si el ferrocarril era todo o casi todo para muchos de ellos.
    Pero llegó y cuando el último tren dejó la estación y comenzó a marcharse fue como que con él también se marchó una parte grande, importante y en cierto modo legendaria de la historia pasada del pueblo. Tal vez suene demasiado exagerado pero el último tren casi firmó la partida de defunción de este pueblo, es que luego en forma lenta pero inexorable los habitantes fueron siendo cada vez menos.
    En mi caso, sólo llegué a vivir los últimos años de este medio de transporte que tan ligado está al desarrollo de innumerables pueblos del interior del país. De todos modos, me atrevo a afirmar que el tren de pasajeros le daba otra vida a mi Villa Ortiz, por eso cada vez que hago referencia al tema es imposible que no me invada la nostalgia y se me escape alguna que otra lágrima, fundamentalmente por mis padres y mis abuelos, ya que fueron ellos los que tras la partida del último tren tuvieron que aceptar con resignación que sus hijos comenzaran a marcharse en búsqueda de un futuro mejor…

    Publicado por editor el Jueves 31 de Agosto de 2006

  • Juan C. Riccelli posted a photo:

    Villa Ortiz,(Coronel Mom) Partido de Alberti, Buenos Aires, Argentina

    Villa Ortiz (Estación Coronel Mom) (más conocido como Coronel Mom, o simplemente Mom) es una localidad del Partido de Alberti, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Cuenta con 815 habitantes (INDEC, 2010), lo que representa un descenso del 5% frente a los 857 habitantes (INDEC, 2001) del censo anterior.
    Coronel Mom es una estación ferroviaria del Ferrocarril Domingo Faustino Sarmiento de la Red Ferroviaria Argentina, en el ramal que une las estaciones de Suipacha y Bayauca. o presta servicios de pasajeros. Sus vías están a cargos de la empresa Trenes Argentinos Cargas,sin embargo las vías se encuentran sin uso y en estado de abandono.

    Recibía los servicios provenientes de Once con destino a Lincoln, General Villegas y Realicó. No posee servicios de pasajeros desde 1994.

    El tren que transformaba lo cotidiano en mágico

    Por Alberto Jesús González
    DNI 23.215.534
    Coronel Mom, provincia de Buenos Aires
    Como tantos, mi pueblo surgió a la vera del ferrocarril y por consecuencia directa del paso del mismo. Corría el año 1907 y el ramal, que luego recibió el nombre de Domingo Faustino Sarmiento, comenzaba a extenderse desde Capital Federal hacia el oeste de la provincia de Buenos Aires y al establecerse la estación, que años más tarde se iba a llamar Coronel Mom, un puñado de casas comenzaron a levantarse alrededor de la misma.
    Esta puede ser la historia de innumerables poblados de todo el país, que al igual que mi pueblo, Villa Ortiz .en honor a Alberto Ortiz, propietario de las tierras donde se erigió el mismo., se conformaron a partir del paso del primer tren. Y fue tanta la importancia del tren como motor de vida para las pequeñas poblaciones que Villa Ortiz, también como muchos pueblos del interior, es en realidad, mucho más conocido en la zona, la provincia y por que no el país, con el nombre de Coronel Mom, precisamente la denominación de su estación ferroviaria.
    Resulta casi imposible de imaginar lo que los primeros trenes, allá por principios del siglo pasado, provocaban en las sensaciones o sentimientos de la gente. Enormes moles de hierro y humo que con sus sonidos hacían temblar la tierra y seguramente a más de algún desprevenido espectador.
    Sí, espectador, porque durante tantísimos años el tren, el simple hecho de observar su paso, era una de las citas obligadas de mis abuelos, por no decir una de las pocas diversiones que podía entregarles un pueblo demasiado pequeño para tantas cosas.
    Y esta sencilla acción que puede parecer no implicar muchos matices a su alrededor, tiene en cambio una o varias explicaciones.
    No se trataba pura y exclusivamente de una diversión, más allá de que sí lo era, sino que el tren arribaba los viernes por la noche, procedente de Buenos Aires, y volvía a pasar los domingos por la tarde retornando hacía la capital de nuestro país. Lo cual significaba que irremediablemente los viernes llegaban familiares o amigos para disfrutar durante todo el fin de semana de la tranquilidad que podía ofrecerles este pueblo.
    Todos, esa gran parte de los habitantes de Villa Ortiz, que concurrían cada viernes y cada domingo a la estación de trenes, vestían sus mejores ropas, porque se trataba indudablemente de un gran acontecimiento social.
    También, debo narrarles, que los motivos y los fines que movían a cada segmento de la población a concurrir a observar la llegada del ferrocarril no eran los mismos, más allá, insisto, de que era un denominador común para todos el tomarlo como una diversión.
    Por lo tanto, para las señoras mayores, que son un poco más proclives a los comentarios, se trataba de ir para enterarse y ver qué familias recibían visitas. Por su parte, los señores mayores iban para acompañar a sus esposas, pero más de una vez veían descender del tren a alguna novia de su juventud o a aquel amigo que tantos años hacía que había abandonado el pueblo, obviamente, una u otra situación provocaba un sentimiento de nostalgia irrefutable en ellos.
    Y los jóvenes, los que no pasaban los veinte y algo de años, concurrían porque si llegaban parientes de alguna de las familias de la localidad, seguramente también lo hacía alguna bella chica que tal vez, a la vuelta de la vida y después de algún guiño del destino, podía ser la futura madre de sus hijos. Cuántas parejas se formaron ciertamente a partir del flechazo de esa primera mirada que se dio en el andén de la estación.
    Pero la otra cara de la moneda, para muchos, era el tren del domingo porque se trataba de esa maldita máquina que llegaba para llevarse, y quién sabe hasta cuando, a la novia, o al novio, o a algún nieto, o en fin, a un ser querido que iba a extrañarse bastante.
    Pero así como el progreso trajo innumerables factores positivos también impuso algunos que fueron lo contrario. Cada vez hubo mejores caminos y rutas, además de vehículos cada vez más sofisticados, por lo tanto, el viajar en tren pasó a ser algo demasiado lento y hasta incómodo, y como consecuencia, poco rentable para las empresas ferroviarias.
    Y así llegó ese nefasto día en que pasó por la localidad el último tren de pasajeros. Un día que seguramente nuestros abuelos nunca imaginaron que llegaría; cómo podían hacerlo si el ferrocarril era todo o casi todo para muchos de ellos.
    Pero llegó y cuando el último tren dejó la estación y comenzó a marcharse fue como que con él también se marchó una parte grande, importante y en cierto modo legendaria de la historia pasada del pueblo. Tal vez suene demasiado exagerado pero el último tren casi firmó la partida de defunción de este pueblo, es que luego en forma lenta pero inexorable los habitantes fueron siendo cada vez menos.
    En mi caso, sólo llegué a vivir los últimos años de este medio de transporte que tan ligado está al desarrollo de innumerables pueblos del interior del país. De todos modos, me atrevo a afirmar que el tren de pasajeros le daba otra vida a mi Villa Ortiz, por eso cada vez que hago referencia al tema es imposible que no me invada la nostalgia y se me escape alguna que otra lágrima, fundamentalmente por mis padres y mis abuelos, ya que fueron ellos los que tras la partida del último tren tuvieron que aceptar con resignación que sus hijos comenzaran a marcharse en búsqueda de un futuro mejor…

    Publicado por editor el Jueves 31 de Agosto de 2006

  • fritzmb posted a photo:

    20170821-183148

    Mule deer seen while driving through Garden of the Gods in Colorado Springs, Colorado